
El flamenco común es una de las aves más emblemáticas de los humedales andaluces y una presencia muy ligada a los paisajes abiertos de marismas, salinas y lagunas someras.
Su silueta estilizada y su característico color rosado forman parte del imaginario colectivo asociado a espacios como Doñana o las marismas del Guadalquivir.
En Andalucía, la especie se comporta como residente irregular y reproductora local, con importantes concentraciones estacionales ligadas a la disponibilidad de agua y alimento.
Más allá de su valor simbólico, el flamenco común cumple un papel ecológico relevante en el funcionamiento de los humedales salinos y temporales del sur peninsular.
Ave de gran tamaño y patas muy largas, fácilmente reconocible incluso a larga distancia.
Mide entre 120 y 150 cm de longitud, con una envergadura que puede superar el metro y medio.
El plumaje es mayoritariamente blanco rosado, con tonos más intensos en alas y cobertoras, que contrastan con las plumas negras visibles en vuelo.
El cuello es largo y flexible, y el pico, robusto y curvado hacia abajo, presenta coloración rosada con la punta negra.
Los juveniles muestran tonos más apagados, grisáceos o pardos, y carecen del rosa intenso de los adultos.





El flamenco común destaca por su anatomía especializada para la vida en aguas someras.
Sus largas patas le permiten desplazarse con facilidad por zonas encharcadas, mientras que el cuello y el pico están adaptados a un peculiar sistema de alimentación por filtrado.
Cuando se alimenta, introduce la cabeza invertida en el agua y filtra el sedimento mediante unas estructuras internas del pico, reteniendo pequeños organismos.
En reposo adopta posturas características, como apoyarse sobre una sola pata, comportamiento frecuente en dormideros y zonas tranquilas del humedal.
La especie se distribuye por el sur de Europa, África y Asia occidental, con poblaciones bien conocidas en el Mediterráneo.
En Andalucía, el flamenco común se concentra principalmente en grandes humedales costeros e interiores, como marismas, lagunas salinas y salinas tradicionales.
Doñana, las marismas del Guadalquivir y diversas lagunas endorreicas andaluzas son enclaves clave, aunque su presencia puede variar notablemente entre años según las condiciones hídricas.
Prefiere aguas someras, abiertas y con cierto grado de salinidad, ricas en invertebrados y microorganismos.

La dieta se basa en pequeños invertebrados acuáticos, especialmente crustáceos, larvas de insectos, moluscos y microalgas.
Muchos de estos organismos contienen pigmentos carotenoides, responsables del característico color rosado del plumaje.
El flamenco común se alimenta filtrando el agua y el sedimento superficial, removiendo el fondo con las patas para poner en suspensión las partículas comestibles.
La disponibilidad de alimento condiciona fuertemente su distribución y el éxito reproductor de las colonias.

Es una especie muy gregaria, que vive y se desplaza en grandes bandos, tanto durante la alimentación como en los desplazamientos y el descanso.
Estas concentraciones ofrecen protección frente a depredadores y facilitan la localización de recursos.
Durante la época reproductora, los flamencos realizan complejas exhibiciones colectivas, con movimientos sincronizados de cuello y alas.
Fuera de la cría, alternan periodos de intensa actividad con largas fases de reposo en dormideros tranquilos.

La reproducción está muy ligada a las condiciones ambientales y a la disponibilidad de agua estable.
En Andalucía, la cría no ocurre todos los años y depende de que se den niveles hídricos adecuados en determinados humedales.
Los nidos son estructuras cónicas de barro, elevadas sobre el suelo en zonas encharcadas.
Cada pareja suele poner un solo huevo, incubado por ambos progenitores.
Los pollos nacen con plumaje grisáceo y permanecen agrupados en guarderías, vigilados por adultos, hasta que desarrollan la capacidad de vuelo.

A escala global, el flamenco común no se considera amenazado, pero sus poblaciones dependen estrechamente de la conservación de los humedales.
En Andalucía, la alteración del régimen hídrico, la desecación de lagunas, la contaminación y las molestias humanas en zonas de cría representan los principales riesgos.
La protección de grandes humedales, la gestión adecuada del agua y el respeto a las colonias reproductoras son factores clave para garantizar su permanencia en el territorio andaluz.
La mejor época para observar flamencos comunes en Andalucía suele coincidir con periodos de buena disponibilidad de agua en marismas y lagunas, especialmente durante el otoño, el invierno y la primavera.
En años favorables, pueden concentrarse miles de individuos en un mismo humedal, ofreciendo escenas muy representativas de estos paisajes abiertos.
La observación debe realizarse siempre a distancia, utilizando prismáticos o telescopio, evitando cualquier aproximación a zonas de descanso o reproducción.
El respeto a la tranquilidad de las aves es fundamental, especialmente en humedales donde la cría depende de condiciones muy concretas.

Uno de los enclaves más emblemáticos para la observación del flamenco común en Andalucía es la Reserva Natural Laguna de Fuente de Piedra, en la provincia de Málaga.
Este gran humedal salino alberga la principal colonia reproductora de la especie en la Península Ibérica y una de las más importantes del Mediterráneo occidental, siempre que las condiciones hídricas sean adecuadas.
Fuente de Piedra permite comprender mejor la relación del flamenco con los ciclos de lluvia, la salinidad y la dinámica natural de los humedales andaluces, siendo además un espacio privilegiado para la observación responsable desde itinerarios y miradores habilitados.
Si quieres profundizar en este enclave concreto, en el comportamiento de los flamencos durante la cría y en consejos específicos para la visita, puedes consultar el artículo dedicado a los flamencos en la Reserva Natural Laguna de Fuente de Piedra, integrado dentro de la Fauna de Andalucía y del Catálogo de especies de Andaltura, como ampliación natural de esta ficha.

El color rosado del flamenco no es fijo: depende directamente de la dieta, y puede intensificarse o atenuarse según la disponibilidad de alimento rico en pigmentos.
Sus desplazamientos entre humedales pueden cubrir grandes distancias, conectando espacios andaluces con otros enclaves mediterráneos y africanos, lo que convierte a la especie en un excelente indicador de la conectividad ecológica entre humedales.
Es una especie presente de forma regular en Andalucía, con concentraciones variables según el año en grandes humedales costeros e interiores, especialmente en marismas y lagunas de carácter salino o temporal.

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